EL MANDALA: UN PUENTE PARA ARMONIZAR LA SALUD EL MANDALA: UN PUENTE PARA ARMONIZAR LA SALUD
Lic. Laura Podio | Artista Plástica y terapeuta artística
Las imágenes visuales tienen tal inmediatez que son una herramienta invalorable para la curación.
La tradición hindú que sostiene que debemos alimentarnos saludablemente, pero esta tradición considera alimento a todo aquello que ingresa a través de los sentidos, por lo tanto, deberíamos observar atentamente con qué imágenes “nos alimentamos”.
Los mandalas, además de ser en general figuras estéticamente muy bellas, tienen la particularidad de ser armónicas y dar una sensación de complitud. El círculo nos remite a una simbología inconsciente de origen, de protección y de integridad. El centro hace que pongamos atención a nuestro propio centro. La imagen hace que nuestro propio interior se vaya ordenando. Es un arquetipo unificador, un organizador del caos.
A menudo me preguntan cómo es que actúan los mandalas en la mente, si es necesario pintarlos o simplemente podemos observarlos. La respuesta es afirmativa en ambos casos, la única diferencia estriba en cuál de las opciones genere mayor placer. Ciertas personas se sienten inhibidas, incómodas o simplemente impacientes a la hora de ponerse a dibujar o pintar, pues bien, para ellos bastará con observar las imágenes “sumergirse” en la forma y el color y las sensaciones que éstas provocan.
Las imágenes y el color generan estímulos y sensaciones que provocan diferentes respuestas neuroquímicas a nivel cerebral, como si habláramos de una cascada química que puede darnos, entre otros, dos mensajes básicos: endorfinas o adrenalina. En el primer caso sentiremos placer, relajación y bienestar, como un baño saludable para todo nuestro sistema cuerpo-mente. En el segundo caso la respuesta es el displacer y la huída, generando estrés en todo nuestro sistema psico-físico.
A menudo sucede que hay personas que llegan a mi taller explicando cuán mal pintan o dibujan, y lo dicen con cierta vergüenza, yo siempre respondo que casi es mejor, ya que los contenidos de nuestro inconsciente van a aflorar en la imagen con la libertad de los niños, sin preocupaciones por los detalles técnicos, ese niño interno que se anima a jugar siempre es el mejor ayudante terapéutico, ya que no critica, tiene la sabiduría de reconocer lo sagrado del proceso de sanación.
El arte, para quién sienta afinidad por él, debería ser como un compromiso diario con nuestro ser interno, poder iluminar con colores nuestro pequeño mandala diario, hará que comencemos a observar nuestra propia integridad, nuestros procesos de estados de ánimo, o nuestras elecciones de forma o color. Esa sola observación, esos minutos que estemos concentrados dentro de una figura circular o cuadrada con un centro, harán despertar a nuestro sanador interno, harán que podamos abrirnos a otras imágenes, y ¿quién lo sabe? Tal vez descubramos a un artista que teníamos escondido y no dejábamos manifestarse.
Debemos darnos el permiso de expresarnos por todos los medios que sean posibles, para conocernos y vincularnos mejor. La vorágine diaria en la que vivimos tiene que ser al menos neutralizada, tomemos nuestro vínculo con el arte como un ritual sanador, en nuestro santuario personal. Disfrutemos y dejemos que nuestra fantasía pueda desarrollarse. Seremos los primeros beneficiados.