EL ARTE Y LA CURACIÓN

Lic. Laura Podio

A menudo caemos en la idea de que el arte sólo nos sirve para pasar un rato, que no puede compararse con todas las otras actividades o conocimientos más “importantes” que tenemos en la vida. Esta idea se diversificó probablemente por una cultura fundamentada en el hacer; ese hacer debía ser tomado como una responsabilidad seria, en la cual muchas veces quedaba relegado el disfrute a un plano secundario.
Todavía recuerdo mis épocas de estudiante, en que me encontraba con gente que me preguntaba qué estudiaba, y al responderle que estaba en la Escuela de Arte me respondían:

- Ah, qué bueno, pero... ¿Qué estudiás?

Siempre recordé estos hechos con simpatía y con algo de pena por mis eventuales interlocutores, pero siempre entendí que el comentario no provenía de una mala intención sino de un sistema de creencias profundamente arraigado. La idea de que el arte era sólo bueno como pasatiempo pero que uno debía dedicarse a una profesión “seria” todavía estaba muy vigente.
Con los años esa idea se ha ido modificando y nos hemos abierto a aceptar la conexión entre el disfrute de las actividades y una vida sana. Nos fuimos dando cuenta de la importancia no sólo de la “mente sana en un cuerpo sano” sino también de que un cuerpo sano depende en gran medida de la salud de nuestra mente.
Pudieron verificarse los efectos concretos que los pensamientos y sistemas de creencias hacen en nuestros cuerpos, y cómo nuestra mente puede generar a menudo salud o enfermedad.
Arte y curación implican la observación de la forma en que los pensamientos, las emociones y las imágenes pueden cambiar el flujo sanguíneo y el equilibrio hormonal en el cuerpo. Cuando hacemos arte vemos imágenes . La aparición de imágenes implica que se iluminen neuronas en distintas regiones del cerebro. Las neuronas se encienden y, como en un alud, se conectan con el cuerpo de tres sencillas maneras

• Primero la parte derecha del cerebro, el hogar de las imágenes, envía mensajes a las zonas inferiores del cerebro que se conectan con el hipotálamo. Las imágenes artísticas, el movimiento de la música y el baile se alojan inicialmente en zonas que son responsables del pensamiento y de iniciar el movimiento muscular. Las descargas de las neuronas provienen tanto de la realización del arte o el movimiento, como del recuerdo del arte o del movimiento. La manera en que la gente siente esto es que los pensamientos, las ideas o una imagen artística o la realización de un movimiento llega de la imaginación o de la memoria. Dado que el arte, la música y el baile son tan antiguos e implican tantas vías sensitivas y motoras, tanto la imaginación como la memoria del arte, la música y el movimiento, parecen completamente reales e intensas al ponerse en contacto con ellas. Los movimientos se reflejan como descargas en las zonas que envían mensajes a los músculos aunque el artista o el bailarín en realidad no muevan esos músculos, éstos se mueven al menos microscópicamente.
El cerebro del artista o el bailarín envía mensajes a todo el cuerpo cuando se produce el movimiento, o incluso cuando hay una imagen de movimiento. Las zonas del cerebro que controlan el movimiento tienen dentro de ellas el recuerdo de todo movimiento previo y de toda imagen de movimiento almacenado en las vías de la memoria. Muchos de estos recuerdos de imágenes y movimientos son muy antiguos, como chispazos encendiéndose constantemente en el cerebro de los humanos a lo largo de toda su evolución.
Cuando estas visiones llegan a la superficie de nuestra conciencia y son liberadas, pueden ser profundamente curativas.
Cuando una persona traduce imágenes mentales en arte a través del movimiento, se produce un alto nivel de concentración.
Realizar arte absorbe toda la atención de la persona y la sustrae de las preocupaciones y los problemas del mundo exterior. Esto ocurre automáticamente. La persona lo logra sin necesidad de buscarlo, por el simple hecho de hacer arte. Las antiguas vías de la memoria se hacen cargo de la situación y la persona es llevada "a otro mundo", a un estado mental de pura concentración que se parece mucho a la meditación. La fisiología resultante de este estado es similar a la fisiología de la oración o la meditación; básicamente se trata de una profunda relajación y curación.
Es lo que necesitamos para poder curarnos. Se creía que el sistema funcionaba solo, pero ahora se sabe que está profundamente influido por los pensamientos.
La imagen en el cerebro de una pacífica escena, de hacer arte, de la creatividad, de la oración, genera un efecto benéfico en el que el ritmo cardiaco se vuelve más lento, la presión arterial baja, la respiración es cada vez más lenta, la sangre va hacia los intestinos; todo el cuerpo cambia.
El movimiento de un baile, de una suave caricia, estimula los circuitos que recuerdan la profunda relajación y crea esa fisiología. Ahora nos encontramos frente a la fisiología de la curación, de la creatividad, de la oración.
Tenemos así una idea de cómo está conectada la mente con el cuerpo y cómo las imágenes y los movimientos musculares estimulan todo nuestro ser.
Cuando imaginamos arte, música o un movimiento de baile, o cuando hacemos arte o bailamos, la zona del cerebro donde se encuentran las imágenes de los movimientos musculares se estimula y envía mensajes al hipotálamo que nos permiten responder a esas imágenes. Si la imagen es una de profundo placer o de liberación de tensión, nuestro cuerpo entra en un estado de curación a través de las vías del hipotálamo del sistema nervioso parasimpático. Cuando el artista plasma una imagen dolorosa de sí mismo y esa imagen es vista por primera vez, se siente la tensión del dolor que así es liberada. A ello le sigue la fisiología de la curación.

• El segundo cambio es químico y resulta de los cambios hormonales. Es más lento, pero es más profundo en el sentido de que afecta a todas las células del cuerpo.

• Por último entramos en el reino de los neurotransmisores. en que el arte cambia la fisiología del cuerpo. Aquí, las imágenes hacen que zonas específicas del cerebro liberen endorfinas v otros neurotransmisores que afectan las células del sistema inmunológico. Los neurotransmisores alivian el dolor y hacen que el sistema inmunológico funcione con más eficiencia. Cuando hacemos arte, la liberación de las endorfinas se siente como algo profundamente placentero. Es como una persona que hace ejercicios, las personas se sienten expandidas, conectadas, centradas, relajadas, vibrantes, en paz. En verdad, la liberación de endorfinas durante la creación apasionada puede ser la fuerza curativa más importante.
Ahora sabemos que cuando la mente forma una imagen o el cuerpo hace arte, se produce la fisiología de la curación en cada célula del cuerpo, incluyendo el sistema inmunológico.
De esta manera podemos ver los beneficios de conectarnos activamente con nuestra parte creativa, en el hacer o en el disfrutar, tomando en cuenta que aquello que hagamos para lograr nuestro bienestar físico y emocional es un salto cuántico para la evolución de nuestras almas y el reconocimiento de nuestro Ser interno.
A menudo nos aferramos a la ilusión de que sólo somos un cuerpo, con sus preocupaciones de la vida cotidiana, con sus vínculos positivos o negativos, y olvidamos que en realidad somos una partícula de Dios encerrada en un recipiente físico, que debemos cuidar ese recipiente para que la Divinidad pueda manifestarse a través de él, y que la mejor manifestación vendrá de un cuerpo, mente y estado emocional equilibrados.
Todo aquello que podamos emprender para el logro de esa armonía debe ser tomado como nuestro primer y más alto deber, eso redundará en felicidad, y esa felicidad automáticamente se convertirá en más salud, y si podemos proyectarnos a una realidad más amplia en la cual todos los seres estamos conectados, nuestra salud física, mental y emocional propias redundará en beneficio de la salud y bienestar del mundo entero.
Recordemos que si queremos ordenar el mundo debemos primero ordenar nuestra propia casa...

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