“EL ARTE ES ESPIRITUALIDAD PRACTICA”

por Georgina Marrapodi | septiembre 2007
georginamarrapodi@ciudad.com.ar

Muchas son las ramas por las que se puede inclinar un artista. Tantas como gustos y personalidades. Laura Podio eligió una singular. Es Licenciada en Artes Visuales y vive en la Capital Federal. Hace más de diez años que su trabajo se basa en el arte oriental, especialmente en la realización de mandalas (símbolos de meditación hindú).Viaja regularmente a la India e investiga sobre las artes tradicionales hindúes y tibetanas, su simbología y el vínculo con la salud. Desde hace unos años dicta en su taller de Palermo clases de apoyo terapéutico que se basan en la realización de mandalas. Además, se desempeña desde 1990 como docente en establecimientos privados y públicos de Buenos Aires.

El taller de Laura Podio queda en Palermo, pero su interior dista de ser tan poco relajante como el clima que se vive en la calle. En un cuarto, Laura se dispone a conversar. Las paredes son lilas y sobre ellas se distinguen algunas de sus obras. La cantidad de objetos es increíble. Los dibujos, las estatuillas, los materiales artísticos y los diseños se pelean por ganar un espacio. Laura permanece tranquila, sentada en un sillón muy cómodo desde donde responde.

-¿Cómo comienza tu carrera artística?
-Laura Podio: Yo parto de la base de que todo ser humano desde niño tiene necesidades artísticas, creo que todo ser humano es un ser estético, no sólo un animal social. A mí el arte me salvó psicológicamente de situaciones que en la infancia fueron muy duras, ya que tenía una madre con trastornos mentales. Tenía espacios privados, como núcleos sagrados: un galponcito en el fondo donde hacía esculturas de barro. Era un escape, un escape productivo. Ahí ya tenía una inclinación hacia esto. Posteriormente, en la secundaria, pensaba que iba a hacer diseño gráfico y que a los cuarenta iba a empezar Bellas Artes. Como es el destino, pierdo la inscripción en la UBA por dos días, y me embarco en un curso de dibujo en la Asociación estímulo de Bellas Artes. Así me hicieron dar cuenta que en realidad no tenía ganas de hacer diseño, y caí en Artes Visuales de San Martín. Definitivamente sentí que eso era lo que quería y ahí es donde me empecé a desplegar.

-¿Como fue que te inclinaste al arte oriental?
-LP: En realidad a lo largo del tiempo te van pasando cosas, pasan cosas en la vida…En un momento se me planteó una pregunta filosófica. Yo sentía que el mundo estaba lleno de objetos, y los artistas no hacemos otra cosa que generar más objetos. Pensaba que tenía que haber algún tipo de puente que conecte el arte con la espiritualidad. Hablando de espiritualidad, Yo tengo una tendencia hacia el orientalismo, hacia la filosofía y hacia distintas ramas desde que tenía 16 o 17 años. Entonces quería vincularlo. Eso ya es una paradoja, porque el arte ya es espiritualidad, práctica.

-Hace 11 años que viajas a la India. ¿Fue ir hasta allá que te hizo involucrar más en el tema o fue el viaje lo que lo impulsó?
-LP: Yo ya tenía un terreno predispuesto, pero lo concreto es que cuando me vinculé por primera vez con los mandalas no sabía ni que eran. Me vinculé desde lo estético. Ni siquiera en el primer viaje a India tuve idea. Recién fue en el segundo viaje, que ya sabía qué buscaba. En realidad no necesitas ir ni a la esquina de tu casa para encontrar aquello que te movilice. A mi me ayudó, porque me vinculó con lo exótico, aquello que me resonaba adentro. Tenía en ese momento una idealización horrorosa de la India, que en realidad es caótica, bulliciosa, sucia…Pero en ese momento, la India era un concepto metafísico. Además se vincula con un cambio de vida personal porque es donde conocí a mi marido.

- Te estas desempeñando como terapeuta artística, ¿Cuál es el rasgo curativo o cómo funciona la terapia?
-LP: El mandala, en India y en Tíbet, se usa como una forma de meditación activa. Ya dibujarlo y hacerlo implica tal nivel de concentración que necesariamente tienes que ser ordenado, paciente. Cuando empecé a investigar sobre mandalas, entré en contacto con el mayor de los pensadores occidentales que habla de mandalas, que es [Carl] Jung. Entonces comencé a fusionar las dos corrientes. Lo que estudiaba de India y Tíbet con lo que dice Jung sobre los mandalas y sobre el modo que tiene el inconsciente de manifestarse de manera simbólica. Yo siempre recuerdo que no soy psicóloga. Lo que hago es un modo de apoyo terapéutico. Por ejemplo mis alumnos pueden empezar un proceso y van apareciendo situaciones conflictivas, y ésto se los señalo, lo vemos juntos, y entro en un dialogo con el psicoterapeuta, para que mis alumnos lo charlen con él. Hago esta aclaración porque ahora el mandala esta de moda, para que la gente no crea que hace terapia de mandalas. Vienen a pintar. Yo trabajo desde la experimentación con el material y la simbología y de esa manera es curativo.

-De parte de la persona que viene, ¿tiene que tener una cierta espiritualidad especial?
LP: Eso se decanta. Yo no puedo poner esa condición. Pero quien me consulta o bien tiene una inclinación espiritual en particular, o han fantaseado con pintar. Las experiencias con artistas me demostraron que los artistas plásticos estamos más bloqueados que el común de la gente. Aquel que no sabe nada, se deja guiar.

-¿Cómo demuestras tu parte artística en la parte terapéutica?
-LP: Hay un concepto básico en el mandala, que es una figura simétrica y organizada. Yo trabajo con teoría del color, con el manejo diferenciado de materiales, simbología del color. Y a la vez al que quiere, le permito desarrollarse en pintura.

-Ya que mencionas al arte organizado, ¿crees que al arte occidental le hace falta algo del oriental?
LP: Yo creo que en esta época estamos fusionando. Lo muy positivo de la aldea global es que estamos complementando ciertas cosas que tiene occidente que no tiene oriente y viceversa… No se si hay algo que agregarle a la historia del arte occidental. La verdad, me excede. Pero lo que sí se, es que hay una globalización en el buen sentido, y es una globalización de valores filosóficos más universales. Y en ese sentido sí hay que agradecerle algo a la New Age porque ha traído enseñanzas ancestrales que completan un poco la simbología que estábamos perdiendo los occidentales. Por otro lado, se pueden ver artistas hindúes modernos que trabajan maravillosamente y muy parecidos a los occidentales… hay menor división de aguas, que me pare muy rico.

-Vos trabajas como docente, ¿no sentís que al sistema educativo le faltan programas que incluyan movimientos artísticos orientales?
-LP: Sí, pero creo que estamos mucho mejor que hace 20 años atrás, hay una conciencia mayor de lo importante que es la manifestación artística en el niño y en adolescente. Lo concreto es que los profesores de arte quedaron encerrados en el sistema, con teoría del color. Pero hay un sistema degradado a nivel educacional en todas las áreas.
Faltan pocos minutos para que lleguen los alumnos del próximo taller. Laura Podio se despide diciendo que espera poder llevar a otro nivel este método de ayuda terapéutica. El punto es que la terapia artística ha funcionado para aquellos que la han probado. Afirma que no pretende crear un sistema, puesto que la rigidez no es su mejor opción. Su único objetivo es poder difundir su técnica para que incluya a muchas más personas.

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